Este pequeño espacio, escondido como una gota de rocio en la hoja, es la estación de la no estación. El epicentro universal de un corazón sin nombre y sin dueño. Es lo que los sufies denominaban El Maqât la Maqât y los japoneses denominaban como Satori.

Arrodillado ante el arbol y su hechizo indetenible, transcribo aquellos poemas que son para mi inolvidables.
Cada uno me han hecho sentir multitud de sensaciones plenas e indescriptibles a través de la palabra. La primera vez que he leído estos poemas he sentido el desgarro y el gozo del intercambio libre y no espacial con el universo admirable que el poeta me ha ofrecido honestamente. Un intercambio que me consta que es plenamente evocador y transmisible.
Esa es, por ahora, mi única intención, transmitirtela a ti, lector fugaz, lector desconocido pero ya conocido.

Paul Gauguin. Te reroia

El susurro del viento, suspendido.


Tim Buckley-Song to the siren (Album Starsailor, 1970)



viernes, 17 de julio de 2009

Poema 58 del libro "El jardinero" de Rabindranath Tagore


58




Estaba yo un día en el jardín, cuando una niña ciega vino
y me dió una guirnalda de flores en una hoja de loto.
Colgué la guirnalda de mi cuello; y se me saltaban las lágrimas.
Besé a la niña y le dije: "Eres ciega lo mismo que las flores,
y no puedes ver ¡Pobre! La hermosura de tu regalo.

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